domingo, mayo 27, 2007

perfuMe:::::


Cuando lo vi, me supo a mezcla de orgullo y decencia,
de estupidez no consumada y mucho Axe barato para ocultar el miedo.
Sí, era un simple mortal pero para mí significó la mitad de mi vida,
entonces cuando se fue mi vida quedó dividida en dos:
en esos días que era perfumados por Axe, y en los días en los que no existía mucho olor.

Si las relaciones se pudieran simplificar a sabores y olores, supongo que todo sería más fácil.
No, no quiero estar con alguien que tiene sabor a cigarro,
o me encanta tal o cual olor.
Con él, todo lo simplificaba porque me era mucho más entretenido pensar en él como en cosas,
como una marca, una canción, una idea,
pero nunca como él la persona que hacía esas cosas realidad.
Se fue demasiado pronto, porque lo intangible dura sólo lo que dura el recuerdo,
y en días de invierno lo recuerdo aún como la mitad de mi vida,
y claro,
ya no uso perfume.

lunes, mayo 21, 2007

adiOs::::


Entonces en el momento en el que hice click, me di cuenta que había cerrado un momento de mi vida.
Era un ciclo, fue mi mayor diario de vida, mi mayor desahogo, la mejor forma de decir tantas cosas que oculté.
Fue mi terapia, mi forma de dejar al orgullo de lado,
crecí y me armé de valor para asumir críticas y rabias,
aprendí la poca tolerancia que existe, pero también me sirvió para reafirmar que a la larga,
mis palabras son el mejor campo de batalla,
que mientras duró, fue eterno y mágico,
y que aunque ya halla apretado el botón, y ya esté arrepentida por mi reacción tan impulsiva como siempre,
no puedo dejar de pensar que da lo mismo,
total para eso me dedicaré a este blog de la manera que siempre me habría tenido que dedicar.
Lo siento, vomito palabras, no puedo dejar de escribir.
Adios fotolog,
gracias por la relación amor-odio... fue lindo mientras duró.`

+

sábado, mayo 05, 2007

segunDa vida :::::

Durmió la tarde, y entre sus sueños dio contigo
cuando llegaste la luna tuvo algún sentido,
no soy de nadie dijiste para estar conmigo,
si es por amarte, todo lo olvido, todo lo olvido

Cuentos Compartidos- Alejandro Filio


Era tarde, estabas cansada, y aún te faltaba para terminar.
Miraste la pantalla tintineante, callada puteaste un rato la nueva moda de poner wifi en cada metro cuadrado que construían, y no poder inventar alguna mentira convincente y poder dormir un poco.
Era mayo, era Nueva York, era el J F Kennedy y era un artículo que no te llamaba mucho la atención y tenías que seguir escribiendo.
Al final siempre era alguien: o tu jefe o los viajes o escribir.
Te miraste en el brillo de la pantalla; agotada sonreíste; recordabas cuántas veces habías soñado con convertirte en una “ciudadana del mundo” lejos de tu país, del cartuchismo e inocencia de Chile.
Ahora que tenías exactamente lo que tanto tiempo buscaste, todo te había empezado a joder.Analizaste tu pelo, era una maraña medio extraña y aunque era temprano, aún así te sabías guapa. Nunca fuiste del promedio, y no por tu belleza, si no simplemente porque eras consciente de tu normalidad y por lo mismo te hiciste especial.Era la ropa, la actitud, la mezcla de inteligencia y calentura por la que tantos hombres te habían hinchado un rato las pelotas. Habías enamorado, habías tirado, habías reído lo suficiente como para saber qué era lo que ellos y tú querías.
Y eso era lo peor: saber lo iguales que son, odiabas lo predecibles que son esa raza extraña, nunca monógama, siempre simple.
Seguiste divagando, tratabas de buscar cosas en qué pensar para evitar escribir.
Y los hombres te llevaron a pensar en tus últimos juegos de cama, y la cama te llevó al lugar donde nunca estuviste: la cama de él.Casualidad o no, empezaste a sentirte mal.Arcadas, movimientos sin control comenzaron a subir por tu cuerpo y se mezclaron con el sueño y los recuerdos.
Entre nervios y temblores inconscientes guardaste el notebook, intentaste hacerte la formal y entraste corriendo al baño.Vomitaste el desayuno continental y parte de tu pastilla anticonceptiva, y fue justo en el momento en el que viste la pequeña pastillita casi disuelta entre café y pan que decidiste volver a Santiago. No en 8 horas más como rezaba tu pasaje, sino ahora.Saliste del baño con un seudo ataque de risa, apagaste el celular y mandaste un poco al mundo a la cresta. Y entonces tomaste tu maleta cuidadosamente chica y chic, te arreglaste un poco el pelo y esa chaqueta con la que Rodrigo siempre te decía al oído que te veías exquisitamente tirable, y partiste al countter de American Airlines a registrarte.
Con un pasaporte un poco saturado, y la cabeza a punto de reventar, hiciste un Santiago- Nueva York casi automático.
Partiste al VIP de One World, agradeciste ser una periodista internacional sólo por un segundo y te tiraste (sí, casi literal) en un sofá demasiado blando y blanco y casi rogaste por un vaso de agua.
Entonces todo se hizo vidrio, mareos, gritos porque el muy hueón te había dado vuelta su café encima y mientras dedicabas un par de garabatos de antología te diste cuenta que el gringo no entendía nada. Y peor, no andaba solo: el sin-cama-ex pololo apareció en el acto.
Obviamente no te quedó más que cagarte de la risa: todo era demasiado surrealista para ser verdad.No puedo creer que cada vez que llegue a Nueva York, tenga la misma sensación de que han pasado demasiadas cosas mientras no estoy, mientras sienta que me perdí de la mejor etapa de mi vida.Me siento en este Kennedy que tantas veces me ha seguido los pasos, sigo a Chris con la mirada perdida; en cierta forma nos odiamos demasiado y sé que ese gringo está comenzando a darse cuenta que la reunión de semanas no fue más que un encuentro con su novia de años.Eso está claro: lo sabe y lo que es peor, se hace el hueón, pero un tipo de hueón que le queda muy mal porque todo el mundo sabe que los norteamericanos son violentos por excelencia.
Por eso es casi tragicómica la situación; porque aunque odie Santiago y odie a mi socio, tengo que volver con él a ese país a cerrar la firma de una nueva casa de eventos, y porque claro, aunque él no lo sepa, estoy tramitando los papeles exactos que me hagan terminar con esta sociedad anónima que de anónima ya casi no tiene nada.
Miro el clásico skyline neoyorquino, me imagino tomando algún trago en la terraza de algún hotel, y aunque se convertiría en el número 58 de mi historial, esta puta ciudad siempre va a ser todo lo que he querido.
Vamos directo al countter.Pasaje ida y vuelta Nueva York- Santiago de Chile.A veces el volver me deprime.Pero siempre, siempre llevo el slogan interior de “puta que valió la pena” con música de Sinatra de fondo y una rubia que me calienta un rato.
Suena el celular, dejamos las maletas y me doy cuenta que extraño a alguna mujer.28 años, ningún hijo, casi a punto de casarme un par de veces, muchas gracias estoy bien.
Entramos al ascensor, miro a Chris y me devuelve una sonrisa media cansada, nos dirigimos al clásico VIP ganado por una cantidad de millas que nunca noto acumular.
Entro, pido un whisky y en eso veo que una mina bien rica, bien chilena le grita a mi seudo amigo-seudo socio.Me acerco y entonces le sonrío medio irónico y medio en serio: la conozco, ella también me reconoce y se hace un poco la indiferente, y ahí, en esa risa, la misma risa de años me doy cuenta dónde vamos a terminar. Imposible quejarme.

Entre el hielo y los ademanes torpes del gringo tratando de limpiarte, nada se hacía menos perfecto que la imagen de tu ex.
Ex amigo, ex pololo, ex ahijado: todo venía en el mismo pack. Casi, casi 3 x 1.
Sigue sonriéndote con ese mismo aire ausente, lo mejor de él es que nunca sabrá lo guapo que se ve con esa actitud, sabes que no es pose, pero el hecho de que no sepa todo lo que atrae es un factor que te encanta.
Tratas de aparentar que no pasa nada, te ríes lo más natural posible y te aferras a tu abrigo para poder seguir un poquito más viva y con cara de “aquí no ha pasado nada”, cuando sabes que apenas llegues a Santiago tendrás que llamar a la mayoría de tus amigas para contar el inesperado encuentro.
Notas el silencio incómodo después de hacer las preguntas de rigor, notas también el desagradable recuerdo del documento de Word que espera dentro de tu computador para ser enviado en un par de horas más, por lo que tratas de hacer el momento lo más corto posible y optas por un sano “oye perdona pero tengo que mandarle un reportaje a mi editora urgente” que es captado de inmediato.
Algo que a Andrés nunca le ha faltado, es la ubicación que da el vivir de cierta forma en el tope de la escala social.
Imposible no recordar un par de buenos momentos, o las veces que entre burlas imaginaban un reencuentro de antología. Entonces sonreíste; cualquier cosa se acercaba más al desastre que el encuentro reciente.
Con hastío se va con su amigo a pedir un café, e inconscientemente los sigues con la mirada mientras intentas no tomar en cuenta el hecho de haber vomitado hace menos de media hora, que el pelotudo del gringo te halla tirado un vaso encima, y tener que escribir cuando estás en blanco.
26 años, 3 siendo periodista de una de las revistas más prestigiosas del mundo, atributo que debería ayudarte a sentirte segura sin que nada, ni nadie, menos un hombre, te venga a atemorizar.
Aún así, Andrés aún lo logra. A su manera, claro: ya aprendiste a controlar miradas inoportunas y comentarios que decían demasiado, y en cierta forma sabes que ya ha pasado demasiada agua bajo el puente.
Imposible no sentirte un poco culpable.
Entre tus sábanas blancas -manía heredada por tu madre- y tus rastros de sudor, debe estar durmiendo Rodrigo. Miras el reloj, aún es lo suficientemente temprano como para usar la hora como excusa de no llamarlo, y sabiendo porqué, te sientes un poco perra al mirar al par de hombres que siguen tomando un café y que te miran de vez en cuando de reojo.
Divertida, sostienes la mirada y coqueteas un poco. No estás precisamente en un after-hour, pero por el hecho de tomar ciertas actitudes adolescentes te dan ganas de gritar Hello New York, New York.
Buscas en tu bolso alguna sobra de algún rouge que sabes guardaste en algún lugar, pero sólo te sobran boletas y papeles que ya ni sabes porqué siguen ahí adentro.
Entonces, sin darse cuenta, mientras seguías buscando tu rouge y él intentaba no pensarte, comenzaron a dejar que el destino volviera a jugar con ustedes.

Dónde mierda dejé el pasaporte.
En el bolsillo, donde más.
Me siento un poco nervioso, atento, intentando controlar la situación.
Sé en parte porque me revuelve tanto la psiquis: el no haberme acostado nunca con ella es un tema que guardaba en pleno subconsciente y ahora salió a flote.
No me la tiré por maricón o por que no la quise, sino quizás porque la quise demasiado, y cuando ya se había ido lo más importante, aún quedaba el cariño que se supone que se siente por aquellas mujeres que de cierta forma te marcan para siempre.
Entonces divago.Comienzo a recordar momentos, cama, jadeos y ahí es cuando comienzo a recordarme.Dejo mi maleta en el suelo y me río de mi mismo.
Miro a Chris sin disimular mi odio, y creo que él me dedica una mirada parecida. No hay que ser experto para darse cuenta que mi ex minita le revolvió las hormonas al gringo.
En fin, puedo apostar que la sorprendí lo suficiente como para que esto no quede sólo aquí, y es que sé que nunca esperó que me volviera “normal”.Si defino normal, podría ser uno más de este mundo, incluso me podría confundir con los ejecutivos del mediodía y casi no resaltaría.Cuando pendejo siempre viví del carrete, del carpe diem y toda esa onda existencialista que tan bien me quedaba en aquellos años.
Intentaba no enamorarme, trataba de no arrepentirme de nada.La mayoría de las veces me resultó.
Y ahora, quien me viera todo un trabajólico decente, sí, productor de eventos, pero de terno al fin y al cabo.
Sé que ningún hueón que me halla conocido en aquél tiempo me habría creído si le hubieran contado lo lejos que iba a llegar.La verdad es que yo tampoco me lo esperaba.
Sigo analizándola.
Me coquetea.
Me pongo más cara raja, ya no vale mirarla de reojo.
Nunca me la imaginé así, que cinco años de no verla le harían tan bien, seguía conservando esa misma mirada irónica de siempre, quizás estaba un poco más delgada pero siempre con ese aire de diva que me fascinaba.
Es ella.Una de las mujeres con las que no me resultó el juego.Pero entonces adelante.
Let’s play. Estoy adentro.

Tratas de no hacerlo, pero mientras ves cómo se acerca es imposible no tomar un tono melancólico: en cierta forma ya te habías ilusionado con volver a sentirlo como antes.
Lo analizas, lo absorbes, tratas de encontrar en él la misma luz que te cegó tantas veces, esa puta luz que tantas veces intentaron apagar pero siempre reaparecía más fuerte que antes.
Habían pasado los años, pero eras la misma pendeja chora de siempre, la misma con la que él se curó tantas veces, la que lo puteaba de vez en cuando, la que recibió de regalo la luna, su madrina de confirmación, su ex polola, su mejor amiga.
Nunca fue del todo tuyo, pero sabías que Andrés te pertenecía más a ti que a nadie.
Secretamente siempre soñaste con que él fuera la primera persona con la que tiraras, despertar los dos en la cama inmensa de sus padres sin pensarlo mucho, recaer juntos pero que diera lo mismo las razones, los porqués, que compartieran el engaño pero dándose esos besos, esos besos que te cagaban, y que sabías que a él también porque cuando pasó, cuando por alguna u otra razón cayeron de nuevo y comenzaron a besarse sentías toda la espera dentro del cuerpo, y aunque después todo volvía a ser como antes, incluso peor, por lo menos ya podían conservar parte de ustedes en sus labios, en su saliva, en su voz.
Siempre supiste que era mejor compartido que rehacer tu vida, nunca fuiste lo suficientemente valiente para pedirle que no se fuera. Y es que la verdad es que nunca supiste que mierda sentiste por él.
Al final nunca tiraron.
Nunca se dijeron te amo.
Nunca sintieron más que amistad.
Así que optaron por callar.
La miraste largo.
Te acercaste como un viejo amigo, qué cresta te pasaba deja de jotearla, la Antonia esperándote en Santiago y tú cagándote de miedo por encontrarte con una mina que no veías hace tiempo. Qué estupidez.
Miraste de lejos al gringo y te reíste. Esta vez, las cartas estaban jugadas de hace tiempo Chris, so sorry.
No sabías de qué conversarle, pero fue todo tan idéntico como antes.
Los mismos gestos, las mismas frases cargadas de sentido: con ella cualquier garabato o calificativo siempre tenía segundas intenciones.
Era genial notar la misma mirada de locura, y mientras escuchabas sus típicos intentos por mostrarse inteligente, te fuiste dando cuenta de cuánto la extrañaste durante todo ese tiempo.
Entonces te enfriaste; a ver hueón, si todo esto está pasando es para un polvo memorable y punto. Deja de hacerte el niñito bueno y de ponerte mamón, acá las cosas no pasaron porque no debían pasar, tú tienes a tu novia en tu casa, esperándote, y esto es algo pasajero así que deja de lado cualquier recuerdo.
O por lo menos, inténtalo.

A las buenas costumbres nunca te acostumbraste, por lo que preferiste dejar que él hablara y no preguntaste nada mientras te contaba de su vida, mientras trataba de resumir cinco años en cinco minutos.Era extraño: ese hombre pasó tanto tiempo dentro tuyo, y ahora era tan ajeno.Con él nunca se dijo nada porque el silencio siempre lo dijo todo.
Su nombre, Andrés, te sonaba en tus oídos como una broma de mal gusto.Desde que se conocieron siempre fantaseaban con algún reencuentro donde pudieran dejar de lado sus excusas, pero no contaban ni con tu argolla de compromiso, ni con su polola, ni menos con que el tiempo que esta vez no había pasado en vano.
Se quedó callado, pero sólo para tomar un sorbo del café y seguir mirándote casi descaradamente.
Sabías que le impresionaba la coincidencia, el destino, sabías también que por dentro recordaba todas las veces que se tocaban buscándose, desesperados por que los ahogaba la espera, entonces cerraste los ojos y recordaste cuántas noches te dormiste esperando que alguno de los dos se atreviera a dar el primer o el último paso.Nunca habías cerrado ningún ciclo; los dos sabían que vivían de un círculo vicioso.
Después de él hubo muchos, y tienes claro que después de ti (¿después o antes de qué?) para Andrés le deben haber sobrado las mujeres que compartieron una noche, un mes, un año, pero había algo que ahora, viéndolo de frente recordaste: todas las preguntas, todos los cuestionamientos que te produjo haberlo amado.
Sólo que esta vez era diferente, sabías que iban a dejar las preguntas de lado y el coqueteo terminaría en una noche. Nada más.

Se me pasaban mil imágenes por la cabeza; ella desnuda, ella callada, ella al lado mío despertando, la Antonia en mi cama, y entonces le pedí que me esperara un minuto, y mientras terminaba de mandar su famoso reportaje, yo le inventaba a Chris alguna mentira convincente para retrasar la vuelta a Santiago.
Pero no fue necesario.Se acercaron un par de azafatas; por problemas de mal tiempo nuestro vuelo iría directo a Buenos Aires, y ahí esperaríamos unas horas para hacer trasbordo hacía Chile.Un par de horas perfectas, qué mejor.Seguí a la azafata, entonces se dirigió a ella y supe que íbamos en el mismo viaje.Le sonreí un tanto consternado, ella me miró casi indiferente y siguió escribiendo concentrada.
Supongo que era la mejor forma de disimular los nervios.
Cerré los ojos, estaba agotado.
Trataba de no recordarla, pero todo era tan extraño que sentía que era una obligación rememorar lo vivido para no olvidar a la mujer que tenía al frente.Entonces por un momento volví a ser feliz, a tener 20 años y toda la vida por delante. Y es que cómo olvidar las miles de peleas de cabra chica, esa cara de rabia y odio que tanto me encantaba, los besos que siempre fueron clandestinos, callados, esos besos perfectos que escondíamos por miedo a quedar marcados para siempre.
Sus frases de niña grande, sus conversaciones de temas que nunca pensé que una mujer podría saber, los sueños con los que me despertaba medio mareado ante la imposibilidad de olvidarla, de mandarla lejos… Sus carcajadas cuando la hacía reír, las veces que me consoló cuando terminaba alguna relación, los mails que le mandé contándole mi vida y que secretamente agradecía que fuera ella quien lo supiera, quien guardara ese secreto y lo escondiera dentro de su alma.
Cómo olvidar el día en el que su mano siguió la mía, y es que secretamente sabía que en gran parte su forma de vivir la fe había sido la razón de confirmarme, me acerqué a Dios porque gracias a ella sentí que me acercaría a mi mismo. Su ropa, esa manera de calentarme pero de dejar claro que todo quedaba ahí; su forma de ver la vida a través de sus ojos, sus canciones, sus libros donde sacaba frases que después me sacaba en cara,
todas las noches en la que nos curamos juntos, en las que dependíamos del taxi de mi papá, todas las veces que me tragué besos porque no podía dejar de quererla a mi modo.
Muchas veces la odié, me cansaba su pose de niñita santa cuando sabía que era lo más lejano a eso, sus lapsus moralistas, incluso su poca capacidad de ser realmente libre, sus discursos, sus preocupaciones, cómo no odiar los mensajes que mandaba en los minutos que menos esperaba; odiaba que fuera ella la que me sorprendiera y no yo.
Abrí los ojos.La misma mujer estaba al frente mío tratando de no mirarme ni demostrar que le importo. Lo sé porque la conozco lo suficiente para intuirlo.Entonces dejo de dudar. Ya sé con quién quiero pasar esta noche, y las próximas noches de las próximas vidas. Y no es precisamente con la Antonia.

6 AM, miras para el lado y sabes qué vas a encontrar.Por lo mismo, prefieres cerrar los ojos y no abrirlos hasta poder reestructurar lo que pasó.
Okey.
Se subieron al avión, intuyendo lo que podía pasar. Todo te quedó más que claro cuando ves entrar a Andrés al sector Bussines. Se acerca de forma casual, con la misma actitud risueña, y tú intentando no mentir demasiado tratas de ocultar tu argolla de compromiso. No resulta, si antes no lo había notado, ahora la escasez de temas en común le obliga a comentar si estás casada.Respondes con un no escueto, con él siempre jugaban a vivir dos extremos: o se contaban todo, o no se decían nada.En este momento, en el que tu casi esposo se despertaba para ir a trabajar, y tú soñabas con otro amanecer, supusiste que no era el momento para empezar a contarle detalles de tu vida.Sí, llevo casi 3 años.
En 2 meses más, en la iglesia de Los Trapenses.
¿Porqué no te invité? Ehh... porque no sabía nada de ti...Entonces llega el silencio incómodo.Intuyes que tampoco está solo, y es que aunque le costaba comprometerse, siempre lograba mantener a alguien a su lado.
Los dos se quedan callados, sabes que se quedó en blanco ante tu inesperado matrimonio, pero sonriendo esperas el próximo paso, entonces hace la pregunta que esperabas escuchar desde que lo viste en aquél aeropuerto: “¿Te tinca ir a tomarnos algo?.”
Desde ese punto, recuerdas cosas vagas.
No porque te hallas curado o algo así, sino porque preferiste guardar los mejores momentos de aquel día, no vaguedades que no te ayudarían a recordar lo más importante.
Sabes que llegaron al Aeropuerto, que se bajaron y que Chris, como se llamaba su amigo-socio, partió a un Hotel a dormir un rato. Dijo algo como que esto llegaba hasta ahí, que lo llamaba.Por la indiferencia de Andrés, supusiste que no era nada importante.
Entonces como si nada te tomó la mano, se hizo el hueón porque no quedaba otra, y fueron a buscar un taxi.
Tú simplemente lo seguías, sentías que cualquier palabra hubiera roto el momento, a esas alturas casi todo parecía de cristal.
Miras por la ventana, le conversas al taxista, haces cualquier cosa para que la presión que sostenían en la mano no se aflojara, para que no empezaras a replantearte motivos o llegara la culpa.
Entonces te das cuenta a donde van y donde van a terminar. Y te sientes feliz. Por fin estarán tan cerca como tan lejos.

Pasaron Entre Ríos, 9 de Julio, y siguieron bajando por Corrientes hasta La Recoleta.
Entonces lo pudiste mirar, sólo porque ya estaba amaneciendo y sabías que esa luz blanca le quedaba tan bien.
Sin pensarlo mucho, te acercaste y apoyaste tu cabeza cansada en su hombro, sentiste ese espacio de su cuerpo que tantas veces te acompañó en los peores momentos, en cierto modo sentiste cómo volvías los años atrás y seguían siendo esos adolescentes que jugaban a escaparse del destino.
Bajaron a un café, al final entre el sueño y la hora optaron por tomarse algo caliente.
Le sueltas la mano, tienes miedo de que la distancia se haga gigante, ruegas que no te pregunte nada que no sepas responder, y te sientas en la mesa más próxima a la puerta de entrada. Quizás, sólo por si en algún momento tendrías que escapar.
Pero fue cualquier cosa menos eso.
Nunca miraron el reloj, y es que el tiempo se les pasó volando.
Conversaron, comentaron, se rieron y cuando el cuerpo se les hizo demasiado innecesario y las anécdotas empezaron a repetirse, pediste la cuenta y se miraron con aire cómplice.
Sin saberlo, ambos sabían donde iban a terminar.
Entonces por primera vez en tu vida tomaste la iniciativa, paraste un taxi y le diste la dirección del Hotel en el que te habías quedado la última vez que Buenos Aires se te había hecho demasiado cercano, demasiado especial.
Esta vez iban callados, pensativos, nerviosos.
Llegaron, entraron al lobby tratando de no mirarse demasiado, y subieron de inmediato a la suite principal. Si iba a ser un reencuentro, que fuera lo suficientemente bueno como para ser recordado para siempre.
Él pidió una botella de Bailey’s, tú por mientras rogabas que no pasara nada, que se quedara callado, tratar de retroceder el tiempo y simplemente no encontrarse jamás, pero en cambio ahí estaba él, tan tranquilo, tan especial.
Apenas llegaron las copas y la botella, se pararon a recibirla y toparon.Cerca, lejos, se sintieron por primera vez en mucho tiempo demasiado seguros para decir la verdad.
Entonces se les fue el tiempo, la distancia.
Levantaron las miradas, se miraron por última vez a los ojos, y no pudieron evitar un beso que ya se esperaba hace demasiado tiempo.
De ahí para adelante, todo fue como nunca esperaste que sería.
Su piel, tu piel tocándolo y tratando de no olvidar esos surcos, esa forma de amarlo en silencio. Ambos callados, abrazando el recuerdo, besándose con rabia porque era tanta la espera, tocando lugares que no creían conocer, evitando mirarse a los ojos porque sabían que si lo hacían no se irían nunca más, y se quedarían juntos para siempre.
Lo sentiste tan tuyo como nunca fue, su mirada era eterna, sus labios daban los mismos besos de antaño, esa fusión tan extraña de lenguas, pelo y piel que aprendieron a jugar y que les quedaba tan bien.
Y pasó.
Por primera vez hicieron el amor.
Y lo intentaste, valla que trataste de quedarte callada, pero no pudiste ahogar el llanto que subía por tu garganta y amenazaba con salir a chorros por tus ojos.
Y aunque no lo esperabas, él también lloró.
Sabías las razones, pero sólo dejaste que te acercara a su hombro y sus lágrimas mojaran tu pelo. Te dejaste querer, te decía cosas al oído que sólo ustedes dos entendían, trataban de secarse las lágrimas pero entonces volvían a reírse e intentaban desesperados espantar a la tristeza.
Te aferraste a sus brazos, y él tiernamente te dio un beso en la frente, te miró directo a los ojos y te dijo en silencio un te quiero tan callado que casi no lo escuchaste.Sintieron como toda la luz del mundo se quedaba en su cama, entonces callado, ausente, te abrazó entre las sábanas y se quedaron dormidos mudos, dolidos de tanto amor, recordando cada segundo que acababa de pasar, tratando de adivinar quién sería el primero en desaparecer en un par de horas más.
Cómo siempre pasaba cuando lo habías visto en el día, soñaste con él.
Estaban tan cerca, tan felices como en un día como hoy.
Pasó una hora, dos horas, casi medio día pero tú simplemente dormías soñándolo.
No te diste cuenta, pero inconscientemente despertaste tratando de no abrir los ojos tan rápidamente.
Te tocaste, seguías desnuda en aquella habitación de aquél hotel, y aunque sabías que no habría nadie a tu lado si te corrías un poco y alargabas tu brazo, trataste de evitarlo y hacerte la dormida.
Después de algunos minutos, no pudiste seguir disimulando, y entonces abriste los ojos.
Al lado tuyo, casi como una caricatura cómica había un papel doblado.
Lo sabías, se había ido.
Con manos temblorosas trataste de desdoblar los pliegos y entonces las lágrimas comenzaron de nuevo a caer, pero esta vez fue entre medio de una sonrisa eterna. Leíste:
“Nunca me vas a pedir que me quede, ¿cierto? Así que por eso me voy. Lo hago yo para que me duela menos, tú puedes seguir soñando con lo que nunca va a ser.
Mira para afuera, ahí está la mejor prueba de que seremos los mejores desconocidos por conocer… gracias por regalarte así, gracias por esta noche inolvidable, gracias por darme lo mejor de mi vida., Andrés”
Te paraste, y extrañada notaste las sombras: era noche.
Te asomaste al balcón, y entonces, entre nubes apareció el mejor regalo de todos: esa luna maravillosa que los acompañó durante tantos años.
Ya sabías que no iba a volver, pero se había quedado contigo para siempre.
Y no pudiste más que sonreír.

otRo domingo siN sol :::::

NOTA: ESTE FUE MI PRIMERA INCURSIÓN SERIA CON LOS CUENTOS. TIPO SEGUNDO MEDIO, HACE CASI CINCO AÑOS ATRÁS.

Hoy quiero desandar mi camino. Hablar de tantas cosas; y a la vez de tan poco... tomarme una tregua conmigo misma, aunque igual no sé que hago escribiendo sobre nosotros, sobre esa palabra que me suena tan lejana, tan ajena. O sobre mí misma, sobre ese autoconocimiento que nunca se termina, que se transforma y toma matices y formas diferentes que me asustan, pero más que todo me asombran.
Hoy me desperté, miré la almohada llena de surcos y no estabas tú. Traté de medir mis gestos, que nada delate que no supe cómo reaccionar, como sentir; que no me di cuenta de tu ausencia. Sé que soy rara, sé que es el comentario de todos lo que alguna vez me han conocido. Bueno, además de que tengo una mirada lejana, distante, fría. Creo saber que mi vida es contradictoria, me desvivo por vivir, siempre al límite; siempre al borde… de algo… siempre llorando o riendo; siempre en los ridículos extremos. Prometo mucho, pero poco cumplo, siempre en mí todo se aplaza desde ayer para luego, estoy acostumbrándome a ser demasiado concreta, a no creer en el poder de las palabras… tengo que sentir, tocar para creer.
Aunque no lo quiera asumir, desde que despierto sin tus ojos mirando el vacío me es más difícil afrontar, creer; darme cuenta que en el fondo me importas: que eres igual o incluso más perfecto que yo. Por que nada es mi todo si no hay nada contigo… ¿Hace cuanto tiempo que te conozco?, me pareciera que fuera de toda la vida, desde esa infancia llena de calor, de olores y texturas que aunque pasa el tiempo aún las tengo frescas en mi frágil memoria.
Fuiste durante demasiadas horas el pilar de mi existencia. Ahora que no te tengo, siento una mezcla de libertad e ironía que me encanta. Me da risa el destino, el futuro, yo que nunca creí en lo premeditado, parece que inconscientemente ya tenía todo listo y preparado. Menos mal que te fuiste, no hubiera podido vivir todo tan calculado como creía tenerlo.Siempre estuviste ahí; donde yo necesité que estuvieras; cuando lloraba de rabia, o de pena, o simplemente por las ganas de sentir mis lágrimas cayendo por mis mejillas y mi autocompasión y tu consuelo, o cuando mis ataques de rabia te recordaban a tu mamá, y a pesar de eso me mirabas entre serio y divertido y te tirabas en la cama a aguantar la risa. O las lágrimas, dependiendo la ocasión.
Hace mucho que no sé de ti, hace mucho que te evito en los rincones mas recónditos de mi mente, justo en esos huecos donde solo tu eras capaz de llegar, de envolver con tu presencia; creí que la amenaza nunca se iba a materializar... Aún divago en el olor de la ropa que por calculado olvido dejaste en este departamento…¿hace cuanto tiempo que me reclamabas y me decías que te ibas a ir?, ¿hace cuanto tiempo que al volver tarde cuando ya todos se iban y quedábamos mi soledad y tú me sentía igual de vacía que siempre?... sentía con un poco de miedo que la magia se iba cayendo bajo mi cama, cada día que pasaba me daba cuenta que tenías con creces más defectos que virtudes; nunca te idealicé como tantas otras que se cegaron ante lo obvio; te vi tan claro y transparente como sé que eres, a mí nadie me metió el dedo en la boca, yo necesitaba a mi lado alguien que fuera igual de atrayente que yo, que se dieran vuelta a mirarnos, que nos admiraran, pero sin querer encontré un sentimiento vedado para mí. Yo iba de cama en cama, la palabra amor era demasiado siútica e irreverente como para siquiera nombrarla, incluso escasa en el medio donde me movía. Creía un poco en el amor de familia, pero hace mucho que estaba acostumbrada a no aferrarme a nada ni a nadie. Iba en tránsito por esta vida, ¿para que atesorar recuerdos y nombres?.
Buscaba la libertad y curiosamente la encontré en ti. Yo no era libre de nada, para mí era común llegar a mi baño, sentarme en el suelo y sentir ese algo que me hacía pensar que a lo mejor nada era seguro, que a lo mejor algo me faltaba y estaba haciendo las cosas mal. Cuando estuve contigo esa sensación nunca se esfumó totalmente, pero habían segundos en los que sentía que sí, que ya había cesado mi búsqueda, que sin darme cuenta era esto lo que necesitaba. Si estuvieras aquí, sé que estaríamos café en mano, fumándonos nuestras ilusiones; riéndonos como siempre de nosotros mismos y de nuestras vidas tan ridículamente iguales. Pero no estás. Así de simple.
Todo era casi perfecto. Yo era perfecta. Menos tú... y creo que eso nunca lo asumí. Es algo que me pesará toda mi vida. Nunca aprendí a decirte las cosas a la cara. Di por sentado que sabías que eras alguien importante para mí, nunca hablábamos de nosotros, nos habíamos encontrado y ya en ese entonces sabíamos que nada era para siempre. A veces sobraban los silencios, pero poco a poco supimos llenarlos con la nada misma.
Todavía recuerdo el color que caía sobre la arena blanca. Era un color rojizo que quedó marcado en mis ojos para siempre. Todavía creíamos en que algo nos unía, en que existía algo más allá. O eso creíamos sentir. Caminábamos de la mano, parecíamos dos viejos amigos sin nada más que contar; no me daba vergüenza mostrarte al mundo, y a tí tampoco. Frente al mar que nos acompañó tantos días de ocio, de soledad compartida y a ese atardecer increíble te pregunté media pensativa si los pájaros volaban toda su vida. Te pusiste serio; debes haber pensado que era la pregunta más imbécil que habías escuchado; pero a pesar de eso no me respondiste de inmediato, pensaste un poco, te encantaba parecer inteligente frente mío a pesar de saber perfecto tus debilidades, tus ojos se oscurecieron un poco y me respondiste que sí; que sus ideales de libertad eran ir más allá, que a lo mejor ellos físicamente descansaban en algún momento de su vida pero que volaban con el pensamiento; que eran sus vuelos un grito desesperado por ir hacía donde pudieran ser libres; ellos mismos; escapar; ser diferentes; ser mejores... Te quedaste callado por un rato; ambos sabíamos que habías dicho demasiado; que al final dejaste de describir a esa gaviota solitaria que había pasado cerca de nosotros y habías comenzado a describirte a ti. Y por qué no; también a mí. Habíamos cruzado ese umbral de convivir juntos a ser uno mismo. Me espantó tanta debilidad, algo se derrumbó dentro y fuera de nosotros. Había sido mi culpa, pero yo nunca me equivocaba así que pensé que era una de las tantas ironías del destino. Volvimos al auto preocupados, tensos, preguntándonos si en realidad estábamos curándonos un pasado de dudas o construyendo un futuro juntos pero a la vez con un mundo interior tan solo. De repente te reíste y se rompió el silencio; en ese mismo momento me di cuenta de tu risa; era tan profunda; tan irónica; tan tuya...
Es una de las cosas que más hecho de menos en la soledad de este departamento. Y es que sacando cuentas pocas veces te reías frente mío, era tu herramienta para volverme un tanto loca, cuando estábamos con más gente, hablando o bailando te reías y me sentía sola, ajena a tu mundo inventado; sentía que no eras mío y que realmente nunca lo ibas a ser. Pero yo no dependía de nadie, así que me tranquilizaba con la esperanza de saber que no era la única que sentía lo mismo. Te prefería así, inalcanzable pero a la vez mío. A lo mejor conmigo no eras feliz, difícil de creer o de saber. La verdad es que yo tampoco buscaba la felicidad; buscaba independencia, vivir a mi modo y a mi manera; ser única y vivir con alguien que busque los mismo ideales en su vida. Nunca pensé que te meterías tan dentro mío; que mi vida se entrelazaría con la tuya y terminaríamos siendo uno solo.
Mi vida se ha vivido sola; nunca nadie le ha puesto restricciones; estoy acostumbrada a imponer mis ideas, a exigir respeto pero contigo era diferente; contigo no podía ser así. Últimamente todos lo pilares de los que me aferraba han caído uno a uno; yo era la frívola, la superficial, no sé de cuando me volví tan cursi como para empezar a recordarte en cada hueco de mi pieza. Está lleno de olores, de recuerdos, de texturas y pensamientos; aquí dentro estás tú. En una de esas tantas noches en las que nos quedábamos sentados haciendo nada; recuerdo haber tenido la conversación más significativa de mi vida. Aquella noche empecé a cambiar; a ser otra persona; y eso fue lo primero que me molestó de ti. Me encantaba hablar contigo de puras idioteces, reírme de tí y de mi misma; parecer la persona más feliz del mundo cuando por dentro era nada. Aquella noche tirados sobre el sillón me tomaste la mano y me la pusiste frente a mis ojos; me dí cuenta que era algo, que para algo estaba ahí; que por algo tú estabas conmigo. Me dio miedo pensar que nuestra relación tenía un peso enorme sobre mi vida; yo no sabía manejar responsabilidades y tu tampoco; vivíamos de los ideales sin darnos cuenta que la vida estaba en el suelo; no en el cielo; y eso lo noté aquella noche; mientras miraba los surcos de mi mano; pequeñas grietas de mi piel y mi alma que nunca había notado, quise interiormente poder congelar ese momento; esa luz que venía de la ventana no era de este mundo; había algo mágico en el ambiente; en ti y en tu actitud... Todo era perfecto tal como a mí me gustaba que fuera; yo no aceptaba errores; todo tenía que ser fríamente calculado y dispuesto; todo de una belleza imponente; hermosa, todo tenía que ser como esa noche.
Ayer te divisé en el café de la esquina; estabas igual que siempre. No quise acercarme mucho; quería pasar desaperciba. Observé tus movimientos; esa soberbia con la que mirabas al mundo, a la naturaleza; incluso a ti mismo. Sé que sólo yo podía bajarte ese egocentrismo; era mucho para ti. Se me vino a la cabeza tantas palabras, sentimientos, historias que me empezó a dar vueltas todo; no sé como alcancé a llegar a mi casa y encerrarme a llorar. Hace mucho que no lloraba; y es que la verdad es que no me lo permitía; tenía que ser fuerte; no podía llorar por tí. Pero esta vez no aguanté más; mis lágrimas caían pesadamente sobre mi brazo; sentía el peso; las oía caer. Me sentía partida en dos; con un hoyo de adentro; esos del alma que nunca me había dejado sentirlos. Siempre quise demostrarle al mundo que era fuerte, que me las podía pero la verdad era que por dentro me sentía tan sola como siempre; nunca tuve la obligación de responder por mis actos a nadie; pero ahora pesaba sobre mí la responsabilidad de que éramos dos... de que sin pensarlo me había enamorado de tí...
Me di vuelta en la cama y contemplé el atardecer; cuantas veces había visto el mismo sol ponerse y no me había dado cuenta de todos los matices en los que se tiñe el cielo; cuantas veces había visto llover sin darme cuenta de las formas de las nubes; cuantas veces había sentido esta mezcla de amor y orgullo sin querer asumir que sentía algo hermoso; cuantas veces había llorado acostumbrada a tener la compañía de tu hombro a mi lado. Me senté; miré a mi alrededor y me di cuenta de las banalidades en las que había centrado mi vida; respiré profundo y me di cuenta que el aire hoy tenía un olor diferente... por primera vez en mi vida me di cuenta que no tenía por qué aparentar lo que no era; que no tenía por que demostrarle que soy algo al mundo; que tan solo bastaba que tú lo pensarás. No reaccioné; no sabía que pensar. Me quedé en la misma posición hasta que el sol se acostó detrás de esa tan imponente cordillera mientras dejaba que las lágrimas siguieran cayendo sin intentar si quiera de pararlas; miraba sin ver; sentía un dolor tan de adentro... mentalmente empecé a calcular cuantos pasos faltaban para ir al baño; lavarme la cara y seguir con mi vida como si nada hubiese pasado; como si lo que pensara no tuviera importancia... Te encuentro entre las sombras, entre esos rincones del alma que aunque trato de cerrar no quiero, ni puedo.
Ha pasado una semana desde que viví ese momento en mi vida; desde que me sentí tan ontológicamente tonta; tan terriblemente poca cosa, pero todo sigue igual que siempre. Tu ya no existes en mi vida; me prohibí pensar en ti; me prohibí volver a sentirme con ese sentimiento tan ridículo de que eras mejor que yo. Me autoencerré en mi misma; me aislé de toda relación humana en estos últimos 8 días. No me dejo pensar, ni sentir ni vivir; no puedo equivocarme de nuevo. En estos días he recapitulado nuestra relación y me he dado cuenta que en verdad no te necesito, que puedo seguir sola y feliz; que mi vida está perfecta sin ti. Que la belleza de las cosas no tienen nada que ver contigo; que aquella tarde en la que lloré hasta quedar sin lágrimas no fue por ti; en lo absoluto; si no por darme cuenta que el sol tenía diferentes colores. Punto. Y nunca más tampoco me voy a permitir ese tipo de análisis en mi vida; voy a seguir viviendo; ahora soy libre, linda, inteligente, con una vida estable; y no te necesito ni a ti ni a las nubes de diferentes formas para subsistir. Puedo seguir sola. Como siempre lo he hecho. Como siempre he querido.

domingo, febrero 04, 2007

Puta:::::::::::

Cuando ando en micro es lo peor, yo creo que es el sentir a tanta gente alrededor mío, porque al final te sientes un poco perra en todas partes.
Es como si tuvieras una marca que dijera; “acá respira una puta”.Sé que es una estupidez, pero no puedo dejar de pensarlo.
Subo los escalones, y me da terror encontrarme con algún cliente, entonces me tapo la cara, me subo el escote y me quedo callada.
Y es que es raro; ni en los mall, ni en la feria del barrio, ni caminando me da vergüenza ser lo que soy, es sólo cuando entro a las micros que siento millones de ojos mirándome.
A pesar de lo que se cree, esta es una profesión como todas.
De hecho, es la más antigua como dicen por ahí.
Cada día que me despierto cuento la plata de la noche anterior, entonces divido un poco para mi mamá que ya casi no se la puede con los dolores a la espalda, un poco para parar la olla de la familia, y lo que sobra para mis gastos; pinturas, sostenes con encaje o colaless nuevos, condones de colores o esposas con plumas y cosas por el estilo.
Me encanta sentirme sexy, sólo me visto un poquito más discreta cuando ando por sectores medios malos, o cuando viene la familia de mi mami a vernos; a mi vieja le entra toda la vergüenza entonces ahí me pongo pantalones, polera bien arriba y sonrío bien elegante, total mi pelo rubio y mi cuerpo envidiable me han hecho llegar demasiado arriba como para que ellos no lo noten.
En el barrio saben de lo que trabajo, y por lo mismo me he tenido que defender como he podido de las viejas copuchentas. Yo sé que les da miedo saber que alguna vez sus maridos hallan caído con “La Loca María”, como me dicen por aquí, pero es que no hay nada que hacerle, me encanta calentarlos cuando voy a comprar al kiosco de la esquina o cuando salgo a barrer la calle, puta que lo he pasado bien con más de alguno de ellos, y si he aguantado los gritos de “sal de acá puta maricona” ha sido sólo por que he vivido aquí toda mi vida y como dice el dicho mejor enemigo conocido que por conocer.
Pff, si supieran esas viejas lo malas que son pa’ la cama, los pobres hombres se quedan a pura mano después de acostarse… ¡Es que no saben lo que es bueno! Y eso va para todas.
Por acá todas son muy cartuchonas, nadie se atreve a ponerse un arreglín, o ni siquiera, alguna prenda de lencería fina, un arrumaco inesperado, un pellisco repentino, pero nada, son más fomes… no sé porque alegan que las putas les quitan a sus hombres, si al final la culpa es más de ellas que de nosotras… creen que cuidando cabros chicos y haciendo las camas todos los días van a mantener a sus maridos tranquilos… supieran la sarta de tonteras que me cuentan… si hasta me han pagado por decirles “te amo” al oído antes de quedarse dormidos, se sienten solos, como viejos a los que se les está yendo la vida, y a mí quién me diga algo; si es que me pagan y están limpios y puedo regodearme, no me quejo.
La verdad es que he tenido suerte; nunca me ha tocado algún viejo verde o que se quiera pasar de la cuenta.Claro, nunca falta el que te pide cosas raras o algo así, pero para eso tengo mi tarifa especial y como casi siempre los más locos son los con plata, no le hago asco y vamos tirando no más.
Y es que no puedo negarlo; puta que es rico tirar con tipos con corbata, recién duchados, con olor a perfumes caros y besos de señora con auto y plata. Yo creo que esos son los peores; les da lo mismo humillar, tratarte de puta o de perra, pedirte el cielo si es que quieren, yo creo que su prepotencia es sólo porque están acostumbrados a mandar en todas partes y les da lo mismo todo.
Como iba diciendo, yo creo que la mayoría de las putas como yo nacimos con genes diferentes; somos más ricas, mucho más entretenidas, inteligentes, y más calientes que la mayoría de las mujeres.
Nunca he dejado de calentarme, y es que como soy parte de las rubias naturales y de las que tiene cara más decentita, gracias a Dios nunca me ha faltado trabajo ni plata, puedo elegir a mis clientes y al final hago lo que yo quiera.Es divertido, ellos creen que me pagan para pasarlo bien y mandar a una mina un ratito, pero al final la que manda en la cama soy yo; se calientan por mis pechugas, por mi culo, por mi forma de tocarlos, al final ni se dan cuenta, pero muchos han perdido la cabeza por una noche de sexo del bueno, y eso que la mayoría tiene pareja y familia a la que vuelve todas las noches, y se meten a su cama fría, fría, y sé que entre sus sueños aparezco de repente, y se empiezan a tocar, y ahí se dan cuenta de quien tuvo el mando hace unas horas.

No se dan cuenta, pero siempre fui yo.

*parte de un cuento que nunca terminé. supongo que lo publico para no perderlo...

domingo, noviembre 19, 2006

soleDadeS:::::::

Y nos miramos, como se supone que se miran dos desconocidos sabiendo que se van a conocer.
Más allá de tus ojos, tengo que ser sincera, no me llamaste la atención.
No era raro: ante mi ceguera real, esa de mente y de cuerpo ya casi no notaba los matices cerca de mí, cuando me preguntaban cómo me sentía siempre respondía lo mismo “Así que esto es partirse en dos…” como queriendo dejar claro todo lo que me dolía doler.
Al final, la que te tuvo en sus entrañas, la que te guardó toda la vida, la que llegó hasta el culo del mundo sólo para que seas feliz fui yo, nadie más, y por lo mismo creo que sólo yo te pude llorar como corresponde; desgarrada, ausente, como se llora a los que sabes que nunca más volverán.
Siempre dudé de tu nombre casi fatalista; Mi Soledad te llamaba para que no sintieras nunca la ausencia, para que nunca te sintieras sola aunque ambas sabíamos que desde que tu padre nos había dejado no nos quedaba más que convencernos de que había que sonreír.Desde pequeña te acunaba con canciones a olor de trova cubana, y aunque estábamos lejos de mi casa, de nuestro país, escuchabas los primeros acordes y era como si todo el mundo girara alrededor tuyo Mi Soledad, Mi sol, Mi sonante, Mi sonora verdad.
A los cuatro años aprendiste a explicar porqué tu papá ya no se encontraba cerca de nosotros, y aunque te costó, la palabra exilio se volvió parte de tu vocablo parlante.Eras tan pequeña Sol mío, pero aún así ya sabías que no nos esperaba nada bueno, que ser hija de comunista en aquellos tiempos no era un buen augurio, pero lo asumías estoica, orgullosa, casi intuyendo el brillo en los ojos de tu padre cada vez que alcanzó a mirarte, o las lágrimas que derramó cada segundo que te sentía cerca… Pero se fue, simplemente porque tenerlo cerca pequeña mía significaba sólo más problemas y más soledad: yo ya sabía que tenía que compartirlo porque así era la política en aquellos tiempos, pero tu eras tan niña, y a veces te hacía tanta falta…
No fue fácil volver a ese Santiago de aquellos tiempos, pero lo extrañabas tanto, y él en escasas cartas que lograba hacernos llegar tan sólo tenía palabras para ti, tu eras sus ojos, la razón por la que peleaba, por la que quería ver la democracia en su tan querido país; él te amaba a ti incluso más que a mi pequeña Sol, y entonces entendí que no podía separarlos, que no podía seguir inventando viajes y excusas baratas para reemplazar su cariño, así que dejamos en venta aquel departamento en aquella ciudad lejana, y partimos con más miedos que alegrías dentro de nuestras maletas de vuelta a Chile, a tus raíces, a tu padre.Sé que recordarás ese encuentro. Ya no eras tan niña, ya entendías más cosas de la que yo realmente podía explicarte, y cuando abrazaste a ese hombre con barba de meses y angustia en sus ojos no pudiste más que mutar de niña a mujer en un segundo, y te hiciste parte de su compromiso para siempre.
Yo, a lo lejos, entonces entendí qué era lo que estaba ocurriendo: de un segundo a otro te había perdido pequeña Soledad, y habías crecido como sabiendo que tu destino no era otro que salvar a tu padre y su historia.
Seguimos viendo a Miguel, a veces llegaba a nuestra casa de sorpresa, me daba un beso ausente, me abrazaba con olor a sudor, a tierra, a miedo, y entonces preguntaba tranquilo: “Dónde está?” y entonces llegabas tú, como si supieras desde antes que tu padre estaba buscándote para poder cerrar sus heridas y volver a ser libre.Entre visitas y encuentros furtivos te hiciste grande, y a los 16 ya no podía creer que te habías convertido en toda una mujer.
Por lo mismo te perdí, porque ya podías responder por ti, porque sin darme cuenta tu padre te había metido casi en las venas su mismo amor por la patria, pero nunca creí que me dolería tanto cuando abriera los ojos; fue el 7 de julio de 1977.
Venía cansada de un trabajo que me ahogaba pero nos dejaba vivir tranquilas, caminaba lentamente, hasta que diviso esa casa rosada llena de intentos de felicidad, y noto desde lejos que algo extraño había pasado.
Entonces lo supe, ya lo sabía antes de caminar por el comedor hecho trizas, por los pasillos con fotos tiradas por doquier, por tu pieza con tus sueños rotos, entonces ya sabía que te habían llevado, que el gran secreto con tu padre era que lo habías estado viendo a mis espaldas, y lo habías ayudado a hacer todo lo que en aquel tiempo era considerado ilegal.
Ahí me rompí en dos.
Y la gente no me entendía cuando me visitaban y yo los miraba con ojos implorantes y les decía; “Por favor que no viva, por favor que no viva para contarlo”.
En esos tiempos aún no se hablaba de maltratos ni Estadio Nacional ni menos de torturas.
Pero yo sí sabía, tu padre ya me había contado lo que había vivido y no lo quería para ti mi Soledad, ¿ahora entiendes cuando rogaba la muerte? Porque por tu padre, por sus amigos sabía que después de estar en las manos de ellos y seguir vivo ya no existía nada, ni la sombra ni la luz, nada; o te quebrabas en dos o te callabas para siempre, y yo te conocía hija mía, te conocía tanto que sabía que para ti, para tu alma no habría más que soledad y dolor si salías viva.Pasaron años Sol, años de terror, más aún después de saber que tu padre también había desaparecido, más aún después de encontrar panfletos y música escondidos entre tu ropa que sabíamos no podíamos tener; pero tú eras tan niña Soledad, no podía culpar a tu padre de ese amor que tenían, quizás era esa mi mayor rabia: no poder culpar a nadie.
¿Te doy otra fecha?25 de septiembre de 1992.Sí se, fueron casi veinte años en los que tuve que responder lo mismo, en los que seguí manteniendo tu pieza intacta, en los que te esperaba bajo mi cubrecama a que llegaras a contarme tus mil y un historias, esperaba tus ojos hija mía, tus manos, trataba de no pensarlas con llagas, llenas de mierda, no te imaginas cómo me costaba no imaginarte sufriendo, hay mi pequeña esos años fueron de tanto dolor, de rabia, me morí por dentro pero vivía sólo para saber que había pasado contigo, qué le habían hecho a Miguel, a tu padre adorado, a mi hija adorada, a mi Soledad…Con la democracia llegaron también esperanzas; llegó justicia, poco a poco llegó la calma porque ya no tenía que llevar dos carteles con sus fotos en mis espaldas, ya no tenía que seguir imaginándote dolosa; los había encontrado, habían vuelto a casa, Miguel volvió a la de su madre, y gracias a Dios tu abuela pudo morir con la sonrisa en el rostro por haberlo encontrado.Yo ya había muerto hace veinte años, y cuando supe que te habían encontrado no me quedó más que cantarte Soledad mía, entonces entoné esos cantos de antaño, esos llenos de lucha y de trova que tanto amabas, te canté Silvio por horas y horas hasta quedarme muda de cansancio y paz, porque sí hija mía, al recibir tus restos también recibí la tranquilidad por tanto tiempo anhelada.Iba caminando por Paseo Ahumada cuando vi tus ojos.
Me eran tan familiares como desconocidos, me miraste con vergüenza, casi no entendías como podía ser que me habías encontrado.Pero era así: aquel día encontré a un nieto que nunca busqué porque nunca creí que existía, el que llegó sin esperarlo, casi casi como una luz porque iluminó todo; mi memoria, mi dolor reciente, mi llanto, ese llanto que había callado porque no tenía tiempo para llorarte Soledad mía, entre gritos y lucha no podía llorar, pero cuando vi a tu hijo frente mío, con esos ojos llenos de vida no pude más que llorar a gritos, y no le pregunté nada; ni porque había callado tanto tiempo ni porque se había demorado tanto en llegar, pero lo abracé hija mía, lo abracé tan fuerte como cuando soñaba que volvías, y llorando pude perdonar a esas bestias que te habían quitado de mi lado, y él también me abrazó con fuerza, nos volvimos dos partes que se juntan de este Chile dolido, y entonces hija, solo entonces, se fue lejos de mi la soledad.

miércoles, agosto 23, 2006

esTo es lo que sE llama olVido:::::

“Entonces esto es lo que se llama olvido.
Esto es abrazar por costumbre o por vocación, así se mantienen los afectos flotando sin necesidad de darles rienda.
Así se ríe sólo para no forzar las cosas,
Así se cierran ciclos para dejar de lado tu propio ciclo,
Así se supone que uno se hace la imbécil para que todo duela menos….”

Y siguió abrazándolo teniendo esa extraña certeza de que sería la última vez que lo haría.
Cresta, cresta, cresta.
Nada nunca es tan fácil como se piensa.
Se miraron a los ojos; los de ella seguros, triunfantes a pesar de las lágrimas,
Los de él aterrados, buscando excusas para no soltarla nunca, tratando de olvidar esas razones que dejaban en el viento tantas palabras.

Trataba de recordar el nombre de su canción favorita, alguna cita de algún libro que resumiera todo,
Sabía que tenía que hacer algo para no dejar paso a su propio orgullo,
Pero no era capaz de articular palabra.
Justo cuando más necesitaba hablar, él se había quedado mudo.
El miedo lo paralizaba, lo sentía subir por su garganta amenazando con salir a chorros por sus ojos.
Sabía que si la dejaba ir era para siempre, pero también sabía las reglas del juego antes de jugar a quererse.
Y es que no podía negarlo, en aquellas noches en las que dormían juntos, tan juntos que esas cuatro paredes se convertían en su mundo, siempre mantuvo la ilusión de que ella lo quisiera a ratos…


“Y qué quiere que le diga señorita, uno de acá arriba ve tantas cosas que ni se imagina.¿Me puede hacer más fuerte la pregunta? Es que usted sabe, 80 años y cuidando a este viejo mañoso es imposible acostumbrarse a hablar con otra persona.
¿Si estaban juntos? Sí, sí, estaban los dos abrazándose y se miraban como teleserie fíjese, lo que pasa es que una que ya es mayor se da cuenta cuando dos jovencitos se miran raro, es como luz fíjese usted, una que ya se las sabe todas, si a mí no me vienen con cuentos…No, vivo con mi marido y las cenizas de mi nieta que en paz descanse. Sí, hace ya más de 10 años la pobre.
De peritonitis. Si pué, ¡si yo lo mismo digo! Pero acá creen que por ser vieja hay que ser tonta… Apenas me dijeron que se había muerto la Marcelita que no me creí el cuento… ¿Quién se muere de peritonitis con la cantidad de cuestiones y pastillas que existen?No, mi hija no preguntó más porque es tanta la pena fíjese cuando pasan cosas así, a ella se le fue todo a las pailas perdóneme la expresión, y yo no era nadie para andar con cuentos si no se está segura, aunque más sabe el diablo por viejo que por diablo… ¿Ha escuchado ese dicho?.
Sí, sí, como le iba diciendo, se miraban como teleserie los jóvenes que usted me pregunta, incluso la chiquilla se parecía a esta actriz… cómo se llama… no no! Esta bien flaca, la morena… No pué ella no, ve que se acaba de casar?. Esa misma! La Capetillo. A ella se parecía fíjese… quizás hasta era ella! Es que usted sabe, con la edad una se pone corta de vista y no he tenido tiempo para ir al oculista…”

Retrocedía en su memoria tratando de buscar alguna frase cliché para dejar en claro que esto era para siempre,
Pero apenas recordaba alguna se reía por lo bajo de lo cursi y él la miraba con esa mirada de pena, de pena honda, de pena consumada, entonces se sentía culpable de reírse y se le iba la idea y no sabía qué más hacer que seguir mirándolo a los ojos.
Habían sido 3 años de historias compartidas,
Ni ella misma sabía cómo ponerle fin a algo que ya no se distinguía de su propia historia.
Quizás por eso mismo las palabras no salían, porque ya era todo tan tarde que cualquier sonido sobraba.

Y lo seguía mirando,
Replanteándoselo todo,
Tratando de recordar en qué minuto dejó de ser una idiota que idealizaba al amor y se había convertido en una mujer más que engrosaba la lista de temores ocultos.
Pero siempre se lo dejó claro, apenas vio esa sonrisa burlona que le dejó claro que ella no amaba. O por lo menos, no todos los días.

Apenas los vi supe que todo se estaba yendo a la mierda.
Es como un sexto sentido que tengo desde chica, desde que supe que nunca iba a ser diferente al resto, desde el mismo momento en el que estos ojos me anunciaron que iban a llorar para siempre.
No podía creerlo, pero hoy no empezaba o terminaba nada. Por lo menos para mi.
Sabía que ella se iba, se iba lejos, por fin, era tan obvio que iban a juntarse en este metro…
Y ella lo miraba, lo miraba con esa sutileza que siempre encontré tan cínica, tan poca cosa… Aún recuerdo que cuando la conocí me llamó mucho la atención la forma en la que trataba de que su risa no fuera demasiado estúpida, o que su ropa no llamara mucho la atención, era como si pidiera perdón por el aire que gastaba al respirar… y es que era imposible, siempre dejaba una estela imborrable en el tiempo… siempre fue tan especial.

A él lo conocimos juntas.
Claro, en ese tiempo caminábamos incluso de la mano, nos encantaba reírnos de nosotras mismas, íbamos a todas partes juntas, y es que ella se convirtió en la mitad de la mejor parte de mi vida.
Pero entonces, esa noche todo se quebró sin darnos cuenta.
Él la miraba, ella lo miraba y en ese minuto noté que comenzaba a sobrar.

Las copas, las ganas, la música, todo pasó a segundo plano si se trataba de él.Hasta que un buen día simplemente dejó de llamarme. Me dejó sola, tan sola como me encontraba cuando la conocí.
La amaba tanto, pero tanto que me convertí en toda una experta para simular que sólo la quería.Cuando comencé a tratar de demostrarle todo mi amor, fue cuando llegó él.
Entonces, me prometí volver a sonreír el mismo día que esa relación terminara.Por mi bien, por el bien de ella, por el bien de nosotras…

”Como le iba diciendo… fíjese que se estaban abrazando así fuerte, cuando llega esta señorita… una con pelo corto así como hombre… y les empieza a gritar, y la gente de la calle se da vuelta porque usted ni se imagina la sarta de garabatos que le gritó a la mujer, a la que se parecía a la Capetillo… y entonces el joven le empieza a gritar también, y se arma una pelotera fíjese que ni le cuento, pero la niña, la Capetillo toma su bolso, le da un beso al joven y baja las escaleras del metro. Ni pío pudo seguir gritando la otra, pero entonces la jovencita que antes gritaba se acerca al hombre ese, y yo que creía que le iba a pegar porque la cosa estaba pintada para ataque de celos, pero solo se arrodilla a sus pies y se pone a llorar… desconsolada la pobrecita… ¿Me dice que la joven con pelo corto está desaparecida? Ppfff típico de los jóvenes de hoy en día, si hasta la Marcelita que era un pan de Dios… mi sobrina pue, Que En Paz Descanse, si ya le conté… bueno, hasta ella se escapó unos días de la casa de mi hija… ¿Dos meses? Ah no nunca tanto… ¿y si le ha pasado algo fíjese usted?...”

[último cuento escrito. más realidad y ficción?]

martes, agosto 01, 2006

pequeÑa grande hiStoria :::::

No sé porque, pero siempre me he encargado de hacer mis despedidas a mi manera,
de aprender a sufrir de mi forma.
Lo más probable es que no lo leas, la verdad es que lo tecnológico nunca anduvo contigo...
Como tantas otras cosas...


No sé como se desarman sueños, nunca me lo han enseñado.
Cómo no se sienten culpabilidades al hombro, cómo te sientes menos sola...
Cómo no te duele cada canción que tantas veces escuchamos, tantos recuerdos que me penan

y escucharte, y darme cuenta que esto te está doliendo tanto...
es algo que poco a poco se hace más insoportable.

Y estoy sola por desición mía,
estoy llorando estas lágrimas porque siento que todo es mejor así.
Y ya sólo me queda la vacía pena,

ya sólo me queda esperar que todo sea mejor...

Susurro locuras, porque me aterra quedarme con tanto adentro,

me aterra encontrarme conmigo misma porque entremedio siempre estás tú.

No quiero depender de nada ni de nadie,
pero en este momento me siento una estúpida,
una egoísta...

Siempre me desarmó escucharte llorar, lo sabes bien,

pero más aún cuando sé que todo se viene tan difícil.

Es sacarte del día a día, del metro, de las ganas, de mis fantasías estúpidas de niña grande.
Es tratar de llorarte menos,
de asumir que simplemente el amor es eterno mientras dura,
que todo tiene un fin,
pero es que por la cresta fui tan feliz contigo que nunca le vi un fin a nada..
nosotros éramos eternos, lo recuerdas?

Ya nada queda y lo sabemos,
hay que olvidar un poco por que así todo siempre es más fácil...
pero nunca olvides que tienes una luz preciosa dentro tuyo,
que me regalaste tanta felicidad, tanta magia,
y que pase lo que pase,
nunca dejaré de agradecer tus pasos junto a los míos...
Fuiste el mejor pololo, el mejor amigo, el mejor cómplice, eso nunca lo olvides...

Gracias,mil gracias por tanto...

sábado, julio 08, 2006

reincidenTe::::

la reincidencia no depende del que cae,
sino de la estupidez con la que se para.

no depende de gestos, de personas, de lágrimas,
sino de la poca capacidad de aprender de los errores y trabajar por ellos.

tengo el alma cansada de tanto andar,
de tanto amar,
de tanto creer que todo va a estar bien si estás conmigo,
cuando el problema es que me aterra la soledad.

me aterra el carecer de un lugar calientito en el mundo para poder desahogar toda la mierda que a veces guardo,
no llegar a unos brazos que no cuestionen, que no pregunten, tan solo que me abracen.
no quiero soluciones, no quiero paz, no quiero más hacerme la guerra a mi misma.
parece que hay ciertas personas que nacieron para aprender que entre más gente hay a tu alrededor,
la soledad es más aliada que nunca.

sé que nunca podré dejar ese fantasma de al lado mío, quizás si me valla lejos?
O viaje?
O me siga haciendo la weona que me sale tan pero tan bien?

no quiero más.
no puedo más.
necesito exorcisar todos esos recuerdos que me matan el presente,

y matar todo este presente que me ciega el futuro.

miércoles, junio 07, 2006

eliSa::::

Y caminabas lenta, segura.
Y yo creía que tus ojos verdes denotaban más tranquilidad de lo normal, pero poco a poco me fui equivocando.
Tus gestos se iban mezclando con tu capacidad de tirar mil palabras por segundo en una sola conversación, y así fuimos inventando maneras para comunicarnos mejor, o eso creíamos.
Desde la primera vez que te conocí me llamaste la atención: tus ojos, esos malditos ojos que según tú decían demasiado, tu boca, siempre lista para esbozar una sonrisa coronada por dos margaritas que le quitaban seriedad a tu cara. Tu cuerpo, tu largo pelo café era toda armonía; me daba por pensar que me había encontrado con un tesoro innombrable.
Tu forma de vestir era única: nadie como tú para mezclar anchos pantalones de mil bolsillos con poleras de los 80´, esa década que decías era hecha para ti pero pasó sobre tus narices tan luego que ni pudiste disfrutarla.
No pretendías destacar ni ser diferente al resto, pero ambas sabíamos que era imposible. Tu nombre sonaba dulce: “Me llamo Elisa, pero dime Tita”, frase cliché con la que me saludaste distraída, y que tiempo después siempre usábamos para reírnos de nosotras mismas.
Era extraño, pero te sentía conocer de toda una vida: tus miedos, tus afectos, tus carencias, todo tenía un gusto de ya haberlo vivido antes. Te entregabas por entero apenas encontrabas un sitio calientito donde derramar tanto que guardabas: el cariño en cada cosa que ponías era inmenso, y aunque no quisieras delataba la gran persona que eras.
Tu forma de mover las manos llegaba a ser casi exagerada: te encantaba expresarte a mil por hora sin forma ni modo, sólo hablabas y saltabas y te callabas de inmediato, todo era rápido y sin cálculo alguno, eras impulsiva y 100% corazón y te lamentabas de no saber llorar.
Si te veía en invierno, entre la lluvia y el frío parecías casi invisible, volátil, saludando a cuanto indigente se te pasara por el camino. Con esos audífonos gigantes, te reías del mal tiempo y cantabas para quien quisiera escucharte canciones que casi nadie recordaba.
Tu vida giraba en 360º y no intentabas pararla: amabas el tirarte sobre el pasto y conversar con las nubes, jugar con tu perro y terminar hecha una pena, o simplemente ir a tu fiesta de graduación con pantalones anchos y una flor bien roja entre tu pelo enmarañado que te hacía ver la princesa más triste de toda esta historia.
De a poco, tu voz ronca y gastada se empezó a hacer cada vez menos audible. Dejamos de vernos tan seguido, y de repente simplemente no nos vimos. De un segundo a otro se paró la magia, los sueños, las risas hilarantes, las mil ideas, las mil historias.
Y te perdí rastro, pero peor aún, te perdiste a ti misma.
Y dolió, me imagino que dolió mucho el tener que volver a reconstruirte, volver a rehacer aire en ti, y recuerdos. Por que era difícil, más aún intentar borrar de tu vida a la única persona que más te dañó: tu papá.
Y cuando te vi eras otra, ya no juntabas tapas de bebidas antiguas ni ibas volando por tu existencia ni tenías esa mirada rara tan tuya. Ya sólo eras. Y me dio pena , me llegó dentro tu historia, tus carencias, esa forma tan directa de decirme: “perdona, pero no ando muy bien el Rodrigo se murió”, y así cerrar el tema. La muerte de tu papá me olió a miedo, a cerrar etapas de amor-odio, de tratar de ser lo que nunca pudiste ser: cuando te vi esa última vez eras toda una niñita compuestita de vida ideal, aún cuando las dos sabíamos la mierda que vivías.
Y ya no había audífonos ni música ni ropa extraña ni todo ojos y color. Ya no había nada.
Y desde ese 28 de noviembre de 1987, que nunca más supe de TI.

martes, mayo 09, 2006

2 añoS!!!!::::::


Son dos años.
Son dos historias.
Dos sueños, dos dolores, dos intentos de ser mejores.
Dos luchadores incansables, dos forjadores de nuestro propio destino.Dos porfiados, dos enojones, dos estúpidos enamorados.

Y a la vez somos uno.Una ternura profunda, una promesa de ser eternos.
Una pieza, una cama, una noche, un beso que cambió toda nuestra historia.
Una Romi, un miedo constante, una felicidad para siempre.

Ni yo me di cuenta cuando te convertiste en cómplice, compañero y mejor amigo,
ni menos cuando el extrañarte se me hizo algo cotidiano.Cómo olvidar tantas tardes de café acostada en tus abrazos,
tantas lágrimas por estar juntos,
tantas peleas por convertirnos en algo mejor,
tu apoyo incondicional fue la razón por la que elegí vivir,
tus ojos han sido la mayor excusa para declararme enamorada,
para mirarte y ver en ti todo mi amor.

Estoy orgullosa de haber llegado tan lejos,
de amarnos sinceramente,
de perdonar nuestros errores,
de poder reírnos de nosotros mismos y encontrar en nuestro propio lenguaje mil formas de abrazarnos sin tocarnos.

Quizás nunca te lo haya dicho, pero creo que no sabes cuánto te admiro y cuánto sueño ser como tú: tan libre a tu manera, tan simple, feliz con tu mundo, un guerrero de la injusticia.
Nunca he sido perfecta, pero a tu lado he encontrado la perfección en esta vida, y es que en tus ojos cabe toda mi felicidad…Han sido los 2 años más enriquecedores e inolvidables que he vivido,
y a pesar del tiempo aún no puedo dejar de sentir esa cosquillita en la guata de miedo al sentir que tengo frente a mí a la personita con la que quiero regalarle todos los días de mi vida, todos mis frutos, todos mis logros,
y es que quiero que sepas que me has marcado de todas las formas posibles,
Siempre has sido mi mayor orgullo, mi mayor admiración, mi mayor batalla.
Sinceramente se me llenan los ojos de lágrimas de emoción al sólo hacer un recuento de todo lo vivido, de recordar cuantas veces soñé y esperé por alguien que fuera como tú y aún aunque lo busque, no encuentro formas de demostrarte mi gratitud y amor, pero espero chiquitito mío que sepas que has llegado a todos los huecos de mi existencia, que eres lo más lindo que Dios me ha regalado, y que pase lo que pase sé que me casaré contigo, no es una utopía idiota ni un promesa imposible, pero es que nunca encontraré a una persona como tú que me regala el mundo entero sólo con escuchar tu voz…

[esto es parte de cumplir 2 años juntos amor. te adoro]

lunes, mayo 01, 2006

feliZ.::::::

y me esperan, pero nunca como quisiera que me esperaran.
y me ahogo, lamentablemente de esa forma que sé que me deja al borde del llanto.

tomo las manos del destino,
y me rio mil veces de lo estúpido que pueden sonar ciertas cosas.
de lo irónico, de cómo alguien cree que vale más o menos de lo que espero.

y escucho música como loca por que entre sonidos ahogo mi angustia
y soy feliz aunque nadie lo crea
por que he entendido que mi felicidad nunca será perfecta ni ideal,
tendrá rasgos de sueños,
de eternidades que siempre tienen fin.

hoy dejé de depender de los afectos
y me pude entender con las carencias.

hoy te llore por última vez,
y recordé que la memoria es lo más frágil nunca olvidado.

y sí.
por que tus brazos siempre tienen el porqué y el por donde,
por que tu camino nunca estará cerca del mío...

por que me aterra equivocarme,
tomar desiciones.
lloraaaaaaaar.

es que decidí ser feliz.

miércoles, abril 26, 2006

LukaS-aMaranTa [vidaS]::::

[explicación: dudo que alguien lo lea. OK, entendible.Un punto importante; éste es un cuento que lo escribí en 3º medio, así que errores de cualquier tipo, absténganse de recordármelos]


--->VIDAS<---

“…Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos…”

Táctica y Estrategia, Mario Benedetti

Una tarde de Octubre, con el sol a sus espaldas y la mirada fija en un punto lejos de él, Lukas cerró la puerta de su departamento. Literalmente la cerró por que absorto en sus pensamientos recordó no tener llaves. Se apoyó en la pared, miró la puerta blanca que sus ojos toparon, los 3 numeros dorados que algo decían, cerró los puños… tendría que esperar a que ella llegara. Había fallado. Un punto menos para Lukas, otro anotado para ella. Otra razón para gritar hoy en la noche, otro motivo de discusión. Sentía tanta rabia...
Empezó a palparse las llaves del auto en el bolsillo posterior de sus jeans gastados. Sí, aún había algo que no olvidaba. Apretó el botón del ascensor, y comenzó a esperar. Hace mucho que esperaba, pero se estaba acostumbrando a esa sensación de rumiar los recuerdos, de no conformarse con sus días, menos con sus noches, aunque eso no significaba que hiciera algo por cambiarlos. Sacándolo de sus monótonos pensamientos, se abrió la puerta del ascensor.
El reflejo del vidrio le devolvió una mala jugada, no era el mismo de hace unos años atrás. Seguía creyendo en el destino, en la suerte, en que a las personas como él el tiempo pasaba de largo, pero al mirar esas ojeras, su pelo desordenado y esa barba de días empezó a dudar de la veracidad de ese hecho. A lo mejor nunca fue protegido, nunca fue especial, pero ya era muy tarde para pensarlo. Hace mucho que estaba acostumbrado a esa idea. No iba a cambiar.
El ascensor se detuvo y en el piso 6 subió una señora morena con un perro… lo saludó, él esquivó la mirada. Empezó a mirarla detenidamente, las manchas en su cara, la nariz… la soledad, la pequeñez, la arrogancia que exteriorizaba. Sola, pequeña, arrogante… como ella…
Caminó a paso firme por el estacionamiento, aprovechó de buscar un cigarro entre sus bolsillos. Elemento encontrado, pero no tenía encendedor. Abrió la puerta de su auto, y se sentó rápidamente. Prendió el cigarro con el dispositivo del auto; y con la cabeza apoyada en el volante aspiró e inspiró demasiadas veces. Empezó a sentir frío, y rabia, impotencia, no entendía tantas cosas, aunque sentía que a esas alturas ya no era el momento de entenderlas. Tenía que empezar a mirar para adelante, su pasado le dolía tanto que prefería esperar. Cualquier cosa, lo que fuera, y mientras la espera se empezaba a traducir en meses, y años, Lukas trataba de sobrevivir junto a ella.

Amaranta miró las luces que chocaban contra el aparador. Sintió frío y se subió el cierre de su chaqueta negra. Siguió caminando con pasos cortos, había olvidado donde había dejado su auto. Miró hacia la vereda contigua, un niño con su madre le devolvieron la mirada. Por el viento y las nubes que se arremolinaban sobre su cabeza, intuyó que iba a llover.
Se tocó el pelo con las manos, rubios y largos cabellos que bajo ese contraste de chaqueta negra daban la impresión de soledad abismante, de tristeza imperiosa. Aminoró el paso, se acordó de su café de la esquina, el mismo que visitaba todas las mañanas para tener que escapar de la mirada de él, de su despertar, y dobló en la calle contigua.
Dentro había un calor agradable, se sentó en su mesa nostálgica y esperó… esperar como lo había hecho toda su vida. Comenzó a buscar en la cartera su eterna cajetilla, su estatus de nicotina, esos largos cigarros que en su mano tan delgada parecían continuación de sus dedos.
Una tipa limpiaba con ahínco las mesas al lado de Amaranta. Siempre lo mismo; movimientos circulares que sacaban la suciedad pegada de hace días. Se detuvo en su trabajo, la mujer de rubios cabellos la llamó con la mirada. Sonriendo se acercó a ella.
-Buenas tarde señorita, ¿Qué desea?, café, té, tostadas…
-Un cortado simple por favor. Y un vaso de agua.
La mujer con delantal se empezó a alejar. Amaranta a su vez no podía alejar los turbios pensamientos de su cabeza. Miró hacía afuera a través del cristal que la separaba del viento que comenzaba a correr y a llevarse el polvo que días atrás había caído sobre la calle. Gruesas lágrimas empezaron a caer a través de sus anteojos oscuros. No entendía gran parte de su vida, no entendía que hacía viviendo aún con la misma persona que tanto daño le hacía. Llevaban años de complicidad, de convivencia constante a pesar de la oscura mirada de sus padres y de sus cercanos al ver que alguien como ellos seguían viviendo juntos sin ningún tipo de compromiso, a pesar de que ellos lo preferían así. Eran los mismo de hace años envueltos en cansancio, monotonía…
Amaranta sabía que los besos de antaño ya no eran nada comparados con los de hoy en día. Intuía también, que él ya no la amaba pero no sabía mirar el mundo si no era de su mano. Mientras todos sus amigos chocheaban con sus primeros hijos, ellos seguían inmersos en lo mismo de siempre. Ella sabía que no se merecía todo lo que le daba… cariño, seguridad…
Se había acostumbrado a despertar a su lado, a vivir con sus nostalgias, a sus inminentes idas y reconciliaciones. A las despertadas a las 4 de la mañana por que se encontraba en un pub de mala muerte ebrio como casi todas las noches. Tan solo, tan pequeño, tan arrogante como siempre. Era cosa de casi todas las noches cargarlo hasta su departamento y pedirle al conserje del edificio que lo ayudara a subirlo por las escaleras, se moría si alguien sabía del infierno que vivía en las cuatro paredes de su casa. A limpiarlo y vestirlo para acostarlo a su lado. En su cama. La de los dos.
No sabía en qué momento el hombre que la hechizó desde el primer día con sus verdes ojos, ese hombre tierno, preocupado, esforzado y que la adoraba se había convertido en alguien que cada día reconocía menos. Su madre le había dicho que al despertar, toda pareja tiene que rehacer su amor todos los días. Amaranta sabía que hace mucho tiempo ninguno de los dos se preocupaba por rehacer, reconstruir, reamar. Todo se había roto. Por eso, prefería esperar.

Lukas dobló a la izquierda. Sacó el último cigarro que le quedaba, y subió el volumen de su fiel compac de Portishead. Bajó la ventanilla y el frío viento invernal de Santiago le pegó de golpe en la cara. Siguió de largo, no sabía por qué estaba manejando ni hacia donde se dirigía…
Había olvidado su celular arriba de la cama, la verdad era que no había sido del todo casual. Sabía que ella lo iba a llamar, odiaba que controlara su vida. Aunque ella no se lo dijera, era obvio que ya no lo amaba. La rutina los ahogaba, ya casi no dormían juntos. Hace mucho que no la veía, sólo la encontraba en sus sueños.
Lukas se sentía tan inútil como nunca antes, a pesar de ser un Ingeniero titulado, nunca había trabajado. O si lo había hecho, ya no lo recordaba. Su vida giraba gracias a ella. Tan vacía que le sonaba su vida, pero a veces habían momentos en los que veía en sus ojos el brillo de años antiguos. Y quería protegerla, cuidarla, la veía tan indefensa, tan niña, pero se quedaba callado. Sabía que ya todo era parte de un pasado que no valía la pena rehacer, ya todo estaba demasiado perdido.
La adoraba como nunca, pero cuando ya era tarde, ella llegaba, Lukas se encerraba en la pieza a tratar de sentirse un poquito más, a fumarse sus ilusiones y pensar la manera de decirle que la amaba. Pero de repente abría esa puerta, sin siquiera saludar y sin saber cómo comenzaban las peleas y discusiones de todos los días, él mismo escapando de sus responsabilidades cerrando de un portazo la puerta de su departamento, ese mismo lugar que antes estaba tapizado de ilusiones y sueños, manejando como loco por las lúgubres calles de Santiago en la noche, y llegando a un bar. Tomando para olvidar, para sentir un poco menos. Y después sin saber como, se despertaba en la mañana en su cama, sin ella… ella nunca estaba, ella ya casi no existía… tan solo en su mente…
Lukas no sabía vivir sin ella a su lado, estaba acostumbrado a buscarla en los rincones más oscuros de su pieza. Antes de ella, nunca había pensado seriamente en las mujeres. Una vez Andrés, su amigo de toda la vida le dijo una frase que la convirtió en su máxima del amor: “Las mujeres son para quererlas, no para entenderlas”. Y en eso se le había ido parte de sus días, nunca había entendido a ninguna de las mujeres que desfilaron por su vida; casadas, solteras, morenas, chicas, hermanas, amigas; todas con algo en común; una belleza y soledad abismantes que a la vez lo atraían y lo aterraban.
Nunca había tratado de entender a las mujeres, hasta que la conoció. Desde que la vio una noche de Enero en el pub de moda con sus amigos que pensó que esa era la mujer tan única, éterea, sensible con la que quería vivir para toda la vida. Le llamó la atención su mirada alerta, su pelo rubio… sabía que la idealizaba, muchas veces ella había tenido la culpa de todo. Ella, tan sola, tan pequeña, tan arrogante.
Nunca le haría daño, pero ya estaba cansado. De esperar, de vivir tantos años en lo mismo, de seguir creyendo que había algo de amor entre ellos. De seguir creyendo que seguía cerca, que existía. Gruesas lágrimas cayeron bajo sus ojos, y tratando de apartarlas con furia fue a buscarla a su café, a ver si la encontraba ahí. Como siempre, esperando.

Puso unos billetes encima del mostrador, sin darse cuenta el café se había llenado de gente. Amaranta notaba como muchos ojos la miraban con interés, y trató de ocultarse detrás de esa pantalla oscura delante de sus ojos. Tomó el vuelto, y dando media vuelta comenzó a alejarse de la tipa que seguía limpiando una mesa tras otra. Y otra. Y otra.
Sintió un ruido metálico caer bajo ella, y al agacharse para recoger la llave que había caído notó unas zapatillas demasiado conocidas que entraban por aquella puerta. Al levantarse lo vio. Demasiado inseguro, tan niño como siempre. Hace mucho que no lo veía, quizás años… sólo sabía que llevaba años de matrimonio con una tipa que él no quería. Lo abrazó como en los viejos tiempos, y le preguntó por su mujer.
-Murió hace mucho Amaranta, ya hace dos años que mi vida es casi rutina, casi vacío. Me la imagino en todas partes…- dijo con una voz casi imperceptible- ¿y tú?, ¿aún conviviendo con Andrés?.
-La verdad es que sí. Una relación agotadora, tú sabes como es él…-miró sus eternos ojos de pena, no tenía idea de la muerte de su esposa- no sé, sigue tomando, ya estoy cansada…
En fin, hace mucho que no te vemos por el departamento, ¿en que estás?, ¿Qué haces aquí?.
-Mejor sentémonos y te cuento.
-Bueno, sentémonos. Parece que no soy la única que espera, ¿o no?- dijo Amaranta sacándose sus anteojos.
-Sí-le respondió Lukas- yo ya dejé de creer, de entender… hace mucho Amaranta… hace mucho…
Se sentaron en la mesa que Amaranta recién había dejado. La silla aún estaba caliente, Lukas le ofreció otro cortado y comenzaron a conversar. Hace mucho que no se veían, el amigo de Lukas, Andrés, había tenido una gran pelea con él y dejaron de hablarse hace mucho. Pero esta tarde, en ese café de casualidad no habían venido a conversar sobre eso. Habían venido a tratar de esperar, de cerrar círculos, ciclos, historias que aún les dolía. Los dos sentían lo mismo, un sordo amor que para ellos, de una forma u otra no les era correspondido. Estaban cansados de todo, incluso de ellos mismos, y como viejos amigos volvieron juntos al departamento de Lukas. Siguieron tomando cafés y fumándose las ideas hasta mucho más tarde, incluso cuando Amaranta apagó por primera vez desde hace tanto años el celular. No estaba para nadie, ni siquiera para Andrés.
-¿Y qué pasó con tu esposa, cuando ocurrió todo?
-Es una larga historia, la verdad es que nunca la amé realmente- tomó una gran bocanada de humo, respiró profundamente y prosiguió- Nunca la extrañé, nunca la necesité hasta que no estuvo conmigo. Hoy me levanté más melancólico que lo normal, y vine a buscarla en su café de siempre. Si tu estás cansada de cuidar al ebrio de Andrés todas las noches, yo estoy cansado de recordarla, de imaginarla tan nítida en todas partes…
-La verdad es que para mí no es un dolor tan grande-mintió sin culpa- Yo ya estoy acostumbrada, quizás lo que siento no es amor realmente, si no una especie de veneración hacía él, de miedo a empezar de nuevo. Sola. -lo miró fijamente, cuánto debe haber sufrido en tan poco tiempo este medio hombre-niño…-Pero ya ves, por primera vez hace tantos años no estoy para Andrés- y rió entre las lágrimas que involuntariamente empezaron a caer bajo sus mejillas.
-Es verdad- respondió Lukas con voz apesumbrada -¿Sabes? Somos dos naúfragos de nuestra propia historia, creyendo que hemos vivido tan bien cuando la verdad es que todo es simplemente una mierda…
Apenas dijo esto se levantó y se acercó a la ventana. Aspiró hondamente el último cigarro de la noche, y dejó que sus lágrimas cayeran hasta mezclarse con esa barba que desde que ella no estaba, pocas veces recordaba cortar. Sintió el contacto con el cuerpo de Amaranta, un abrazo que le dolió más que nunca, simplemente por que hace más de dos años que nadie lo abrazaba de esa forma. Se dio vuelta, las luces de la ciudad se mezclaban entre el olor a su perfume y el humo de cigarro. Miró sus penetrantes ojos, tan parecidos a su mujer, y mirándola a los ojos le dijo:
-Estoy cansado de esta vida.-suspiró profundamente, y después de un prolongado silencio prosiguió- pero si quieres acompañarme a vivirla…tan sólo esta noche… yo…
-Da lo mismo Lukas. A estas alturas, después de tantos años de esperar, tantos años de idas y venidas, nos venimos a encontrar ahora. En nuestras vidas, hay muchas heridas inescudriñables, yo no sé amar… sé adorar… no estoy acostumbrada a dormir una noche de largo…- y la calló el beso que le cambiaría todo su pronóstico, toda su existencia.

Han pasado años desde aquel encuentro. Nunca más se volvieron a ver, fue tan solo una noche de compañía. Lukas todavía recuerda el perfume tan tenue que lo acompaña a veces mientras camina; Amaranta de una forma u otra significó el renacer de su hombría, del amor…
Los dos siguen solos, pero casi sin heridas.
Amaranta pudo dejar al hombre que tantas veces le rogó después volver, y aunque volvió a su lado más veces de las deseadas, pudo cerrar ese capítulo de su vida y dejarlo atrás. Nunca pudo olvidar a Lukas, no por el hecho de aprender a amarlo en tan solo una noche, si no por que coincidió con el comienzo de una nueva vida para ella. Nunca lo buscó, sabe que si lo encontrara serían demasiados recuerdos ligados a Andrés. Aún ni siquiera ella misma sabe cómo pudo dejar todo atrás, y aunque a veces le duela su soledad, tal como ella misma pensaba, no era todo tan terrible. Era mejor así. Esperar…
A Lukas aún a veces le duele el recuerdo. Aunque sigue solo, vivió un largo pololeo con una amiga de toda la vida. No sabe si fue su ternura, o sus ganas, pero pudo curar gran parte de sus recuerdos. Está tranquilo así, solo, dejó de soñarla por todas partes, de imaginársela peleando, amando, llorosa y ausente; aprendió a vivir su viudez con 28 años a cuestas. Volvió a trabajar, viajó mucho. Una vez vio a lo lejos a Amaranta, le pareció más bella que nunca… pero la dejó ir, no estaba preparado aún para nada. Por primera vez dejó de escaparse de la vida, de las responsabilidades…
Los dos de una u otra forma dejaron de esperar. De sobrevivir, y siguieron adelante a pesar de sus caídas. Sus vidas misteriosamente se entrelazaron aquella noche de Octubre, y cambiaron para siempre. Vidas indisolubles y cambiantes, vidas que dejaron de ser sobrevidas a días vividos, a sueños, a anhelos alcanzados y ciclos cerrados… los dos aprendieron a vivir con el recuerdo, y no morir por él. Y siguen ahí, tranquilos… Esperando…

domingo, abril 09, 2006

música para voLar:::


Y la música sigue rondando por los momentos que aún te pensaba.
Y me rio distraída, y las últimas frases del “Quizás nos volvemos a encontrar”aún hace eco en mis oídos.

Una suave cuota de ausencia es la mayor satisfacción de hace miles de años.
Encontrarte casualmente es la mayor respuesta a todas mis preguntas; y es que sé que andábamos sin buscarnos, pero a la larga nos encontramos igual...

Que extraño es ir rememorando cada segundo de cada noche vivida, y volver a sentir las emociones a flor de piel.
Entre tanto sudor y ternura; creo que se nos está yendo la vida entre los dedos, y eso me fascina.
Te tengo que contar algo. Esa gran mirada, y esa gran búsqueda de tratar de encontrarte u oírte, o quizás tocarte con los dedos en el silencio sigue siendo una contínua apología de lo que nunca llegaremos a ser.

Y la música sigue tocando sus letras y tonos y miles de colores se apoderan de mí; el metro sigue su curso mientras yo; fatalista de la costumbre por ocio y vividora al límite por vocación aún sigo en el borde del andén casi llegando aesa línea amarilla que –creo- divide la vida de la muerte.

Y miro como la gente me mira. Y me siento genialmente observada por miles de ojos que se preguntarán qué idiota se para a las 6:30 en punto de un domingopost-carrete obviamente frenético a mirar cómo pasan los carritos de ese metroen dónde hemos vivido tantas historias dignas de contar.

Y es que me primavero y otoño en menos de una hora si te siento cerca; es casi cursi sentir que nos parecemos tanto que huimos de las mismas responsabilidades, de los mismos temores. Claro, quizás seas el tipo con el que pase el resto de mi vida; pero la tentación de conocer camas ajenas y caricias del segundo es algo que me hace sentir que aunque la mayoría de las veces mi mente me dice promiscua al oído; yo sigo pensando que son las ganas de sentirme tan viva que corran mil emociones por mis venas. Y eso de que no fumo, no tomo ni bailo apretado es una sútil remembranza a mis noches de antaño.

Y soy feliz en esta eterna búsqueda de encontrarte sin buscarte. Y camino distraída a ver si detrás de una vitrina, o delante de mi mente, te me apareces con razones de sobras para quererte un poco menos.
Qué cosa esto de creer en el destino...
Y me rio mil veces en una hora sobre la capacidad que tienes de hacerme feliz; y sentirme en una continua nube de emociones y soledad. Junto a ti; ¡¡¡soy la sola frenética más feliz delmundo!!!.

Y me rio y sonrío y carcajeo de mis formas de decir te quiero a lo lejos. A veces me cuestiono cuanto podré llegar a extrañar, cuántas noches tendrán que pasar antes de que asumamos demasiado tontamente que estamos enamorados...
A veces incluso no es la noche ni el café ni las ganas las que me hacen no poder dormir. Sino que son las intensas hormonas que hacen sentirme una mujer loca y apasionada que te busca y te imagina por las calles de Santiago...
pero segundos después del colapso mental; vuelvo a mi centro y lloro mil y un lágrimas por buscar tu mirada en el recuerdo ajeno.

Sigo pensando que es mejor la cama destendida que tu ausencia a mi lado; mejor tus besos que tu nombre en mi boca; y sigo desafiando a los astros a ver si la eterna música con pajaritos de colores sigue sonando cada vez que te pienso.

Cómo ahora; cuando una señora me toma de la solapa de mi chaqueta y me mira concara de extraña y me grita que estuve a punto de “Ver la luz m’ijita como no seda cuenta que el metro está pasando!!!!!!!”.
La miro, y con lágrimas en los ojos me doy cuenta que es la viejita más tierna y nueva que he conocido últimamente.
Y claro, por el bien del show que presenció la mitad de la estación Los Heroes, me senté tranquilamente en el suelo apoyando mi espalda en mis ojos a esperar que el tiempo pase más rápido para encontrarme con tus inmensas ganas... de amar, obvio.

Y me parece demasiado lógico escribir tanta imbecilidad junta.
Claro; si me has pegado esa costumbre de soñar con los ojos abiertos.
A veces me da la impresiónde que has vivido más que yo; pero minutos después me doy cuenta que es sólo un reflejo, un atisbo de viejo serio que te sienta tan bien...
Y te ríes cuando me las doy de indiferente o de seria; “te pareces a La Maga” me dices y yo no sé si te refieres a la de Cortázar o a algún intento de cambiar nuestro destino.

Y son el y ella. Tú y yo. Casi nadie y casi todo en el mismo lugar.
Y somos casi felices, casi traslúcidos en la historia de mi mente. Y ese contínuo juego de darnos por amor o por simple aburrimiento es algo que me vuelve demasiado paranóica.
“Quizás nos volvamos a ver” me dijiste la primera noche que nos conocimos millones de días atrás. ¿Será coincidencia que nos hemos vuelto aencontrar demasiadas veces?...

Y amo el brillo de tus ojos cuando medio desnudo medio drogado de ternura juegas con las sábanas y crees que soy la mujer que cambió tus heridas porcontínuas muestras de cariño.
Y sí, quizás tienes razón; perderme junto a ti es encontrarme... pero a veces, días como hoy en los que la realidad superó a la ficción y ya son cuatro las veces que he pasado por la misma estación donde sé que estarás y no me he bajado; me parece demasiado sencillo someterte alcompleto olvido.
A lo mejor es lo más simple; así podremos cobrarnos actos olvidados, contigo es más fácil soñarte que vivirte...
Así busco la huída fácil y trato de encontrar una relación normal con perros y gatos y estudiante deUniversidad tradicional con el que viviré una vida...¿normal?...

Mejor dejemos las cosas como están.
Y es que la musiquita incesante aún resuena por mi cabeza...
Y sí. Soy feliz. Y loca. Y sé que si no nos encontramos más de tres veces por semana; seremos eternos.
A pesar de lo que me dice la mitad de mis pensamientos.
Pero con eso me basta y me sobra; esa canción que dice que sólo se conserva lo que no se amarra... sin darme cuenta, la he hecho presenteen todos nuestros encuentros.

Y es que es sólo vida, música y ojos para volar...

[cuentomegaantiguoqueencontréhoy]